Sobre la Participación Eucarística

Una Declaración de la Asociación Ecuménica Internacional (IEF)

(Aprobada por la Asamblea General en Colonia el 23 de Marzo 2007)

 

I. Pasos hacia la unidad visible de la Iglesia

1. La Asociación Ecuménica Internacional (IEF) se fundó con una visión y misión llenas de fuerza en la “Declaración de Friburgo” (1967): “La Asociación Ecuménica Internacional (IEF) busca servir al movimiento hacia la unidad visible de la Iglesia, según la voluntad expresa de Jesucristo y por los medios que Él quiera: oración, estudio y acción.”

2. Nosotros como miembros de la IEF, con ocasión del 40 aniversario de su fundación, nos sentimos muy agradecidos por estas décadas enriquecedoras y santificadoras de experiencias especiales de unidad en el Espíritu. Paso a paso, la IEF ha ido evolucionando desde el ser un movimiento ecuménico, a ser una hermandad ecuménica en la que todos se reconocen como hermanos y hermanas dentro del Cuerpo de Cristo, que tiene como base un solo bautismo.

3. Desde su concepción, al descubrir y practicar la unidad en Jesucristo, nosotros como cristianos de diferentes denominaciones, nos hemos esforzado por vivir hoy la Iglesia del mañana con alegría, esperanza y amor.

4. En la IEF vivimos esta unidad por medio de los Congresos internacionales anuales, en las reuniones nacionales de las regiones y en pequeños grupos locales, a través de contactos y actividades ecuménicas entre los laicos y el clero, en cooperación con estructuras ecuménicas nacionales y otras organizaciones ecuménicas, particularmente, a través de la oración y el culto común. Todos estos acontecimientos son oportunidades para mostrar el verdadero amor cristiano de unos por otros.

5. La esencia de la IEF es la oración y el culto común, es donde buscamos unirnos a con Dios y entre nosotros y, experimentamos el poder del Espíritu Santo en acciones que sanan y liberan y en la creación de la comunidad.

6. Además de estos aspectos positivos, también compartimos el dolor de que todavía no se haya conseguido la plena comunión de las Iglesias y del culto, porque el pecado humano y las limitaciones de nuestras Iglesias dificultan el poder del Espíritu Santo para convertirnos y transformarnos.

7. Un ecumenismo barato no está hecho para nosotros; tampoco una fe común barata, que no cuesta nada. Al contrario, creemos y vivimos un ecumenismo costoso, donde, - fieles a las palabras de Jesús a su Padre, “que todos sean uno” (Jn 17,21) – nos arriesgamos a presentar retos y a que nos reten.

8. En la oración y el culto común gozamos con la rica diversidad de las otras denominaciones y de la Iglesia en general, en la unidad que ya existe entre nosotros. Pero, precisamente, es a través de esta experiencia como nos damos cuenta de nuestra división, especialmente cuando se nos invita a la Mesa del Señor.

9. La Eucaristía, instituida por el mismo Cristo, es la expresión más poderosa de unidad en el Cuerpo de Cristo, y la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana. Es aquí donde la división se hace más dolorosa porque tenemos que sentir y reconocer el escándalo de una Cristiandad fragmentada y nuestro fracaso para vivir plenamente las palabras de Jesucristo: “Bebed de él todos. Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos” (Mateo 26,28).

10. Por consiguiente, buscar, encontrar y desarrollar soluciones nuevas para superar el escándalo de la división con respecto a la Eucaristía, debe ser una clara prioridad para la misión y visión de la IEF para que así sea un testimonio auténtico como un movimiento hacia la unidad visible de la Iglesia.

II. Recomendaciones espirituales y pastorales sobre la participación Eucarística

A. Recomendaciones espirituales y pastorales

11. Las Iglesias a las que pertenecemos presentan diferentes posiciones respecto a la participación Eucarística, basadas en diferentes principios teológicos (véase 26 – 36). Al tener en consideración estas posturas de las diversas denominaciones, nos damos cuenta de que un modo responsable de acercarse a la participación Eucarística requiere una comprensión clara de la base de nuestra fe, sin dejar de lado las cuestiones del ministerio, de la ordenación, de la estructura episcopal y sinodal, de la de la tradición apostólica y de la sucesión.

12. Teniendo en cuenta todo lo expresado, nuestra recomendación espiritual y pastoral sobre la participación Eucarística es la siguiente: Si alguno acepta la invitación de Jesucristo para participar en una celebración concreta, es principalmente una decisión de conciencia responsable y personal, ateniéndose a las doctrinas y reglas de su propia Iglesia y a las de las otras.

B. La tradición, la comunión y la decisión de conciencia

13. Nosotros nos mantenemos en la tradición y la comunión de nuestras respectivas Iglesias. Somos fieles a sus actuales normas a las que estamos llamados a atenernos, respetar y seguir.

14. Existen entre las principales denominaciones protestantes y anglicanas importantes acuerdos relativos a las celebraciones eucarísticas, con recomendaciones para la inter-comunión y la hospitalidad Eucarística. Estas se hallan abiertas a todos los miembros bautizados que tienen derecho a participar en la Eucaristía en sus propias Iglesias.

15. Estas celebraciones Eucarísticas en los Congresos internacionales, no sólo son expresión de la fe y la liturgia de las diversas Iglesias, sino que también son espejo de la evolución de los dones de unidad, amor, alegría y comunión en el Espíritu Santo.

16. La participación Eucarística siempre requiere una decisión de conciencia personal y responsable, ya que cada uno de nosotros debe seguir la voz de su conciencia. En este caso, nuestra conciencia debe estar bien formada y tener en cuenta las normas y los reglamentos de nuestra propia Iglesia.

17. Se sugiere que en los Congresos internacionales aparte de los oficios eucarísticos de cada denominación se tenga una celebración Eucarística según la liturgia de Lima.

C. Atención espiritual y pastoral

18. Se debe respetar la decisión de conciencia responsable y personal. Además, tras nuestra decisión de conciencia ya seamos laicos o clérigos, se nos debe proporcionar, si lo deseamos, atención espiritual y pastoral y el apoyo de la comunidad.

19. En cualquier caso, se nos pide utilizar nuestra prudencia, discernimiento y sentido de fe para considerar si existe o no, una situación grave espiritual y ecuménica para compartir la Eucaristía. Cuando la decisión de conciencia resuelva seguir la disciplina de nuestra propia Iglesia, nunca se nos debe poner la etiqueta de “no- ecuménicos”. Por otra parte, cuando resuelva seguir la invitación de la hospitalidad Eucarística, nunca se nos debe considerar como menos fieles a nuestra propia Iglesia.

D. Hospitalidad Eucarística

20. Durante los Congresos internacionales de la IEF, en la Eucaristía de la Iglesia Católica romana no existe, como principio, una invitación abierta explícita a los participantes no-católico para recibir la Eucaristía, a no ser, que el obispo local decida de otra manera. Sin embargo, tampoco existe una prohibición expresa; más bien, el permiso se debe practicar basado en las reglas del Directorio Ecuménico (ED 1993). Esta es la práctica que se usa en numerosas diócesis y comunidades católicas romanas.

21. Según el Concilio Vaticano II (1962–1965) existen diversos grados de comunión (parcial) en la Iglesia, entre la total separación de la Iglesia y la plena comunión con la Iglesia. Esto da lugar a la cuestión de si pueden ser posibles, convenientes e incluso necesarias, formas intermedias entre el rechazo de la Eucaristía y la plena comunión Eucarística, en conformidad con los acuerdos sobre la comprensión de la Eucaristía conseguidos en los diálogos de la Iglesia oficial que corresponde al acercamiento ya existente de las Iglesias.

22. La expresión hospitalidad Eucarística conlleva la postura de que, aunque todavía no se ha logrado la comunión plena, se ha obtenido tal grado de acuerdo en la fe que se puede justificar la admisión a la Eucaristía.

23. Cuando el Concilio Vaticano II afirma que “no es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas (comunication in sacris) como un medio que pueda usarse indiscriminadamente para restablecer la unidad de los cristianos”, reconoce que al menos, en ciertas circunstancias se puede usar con prudencia como medio para restablecer la unidad de los cristianos. Incluso, afirma, que “La autoridad episcopal local determine prudentemente el modo concreto de actuar, atendiendo a todas las circunstancias de tiempo, lugar y personas”. (UR8) Por lo tanto, humildemente, quisiéramos que el obispo local católico romano, haga uso de esta prerrogativa para decidir con prudencia si son apropiadas las circunstancias, en la ocasión excepcional de un Congreso de la IEF, para considerar la celebración de la Eucaristía católica romana como medio para restablecer la unidad cristiana, invitando a nuestros hermanos y hermanas de otras Iglesias a la Mesa Eucarística.

III. La responsabilidad profética de la IEF

24. Muchos de nosotros procedemos de familias inter-denominacionales e inter-eclesiásticas que tratan de vivir su vocación conscientemente de forma ecuménica. Compartimos con otras organizaciones ecuménicas un profundo compromiso social y espiritual.

25. Al ser un movimiento ecuménico, la Asociación Ecuménica Internacional IEF tiene una especial responsabilidad profética para recordar, invitar e incluso desafiar a nuestras Iglesias para que trabajen más eficazmente por la unidad visible de la Iglesia y para vivir hoy la Iglesia de mañana, por la fuerza del Espíritu Santo.

IV. Posiciones denominacionales y acuerdos ecuménicos actuales

26. Bajo la guía del Espíritu Santo se han tenido muchos diálogos bilaterales y multilaterales entre las Iglesias y las denominaciones que han resultado, entre otras cosas, un cambio que marca época, de una comunión cerrada a una comunión abierta o parcialmente abierta. Veamos los acontecimientos en las tres ramas principales del cristianismo.

A. La intercomunión y la intercelebración: Iglesias protestantes, anglicanas y viejos católicos

27. Por el Concordato de Leuenberg (1973) se estableció entre las principales denominaciones protestantes (Evangélica – Luterana - Calvinista – Reformada y Unitaria) una hermandad de púlpito y de altar, en la que se superaban y transcendían las separaciones anteriores.

28. Un logro de similar importancia es la Declaración de Meissen (1988) y sobre todo, el Acuerdo de Porvoo (1994) entre algunas Iglesias Anglicanas y Evangélicas. Luteranas.

29. En el campo de la intercomunión ha tenido lugar una apertura, al permitir a los miembros de otras Iglesias, que están bautizados y tienen derecho a participar en la Eucaristía en su propia Iglesia, a tomar parte en la celebración Eucarística de las demás.

30. Junto a esto, ha habido una apertura continua hacia la Comunión Eucarísitca por la intercelebración, al acoger a miembros de otras Iglesias para presidir la celebración Eucarística. Esto ha existido entre los anglicanos y los Viejos católicos desde el acuerdo de Bonn (1931).

31. Se han producido diversos diálogos bilaterales y multilaterales y también documentos entre anglicanos, metodistas, evangélicos- luteranos- calvinistas- reformados y otros, que han desembocado en una apertura gradual a la intercomunión. Han seguido el documento del Consejo Mundial de la Iglesias (WCC) Bautismo, Eucaristía y Ministerio (Lima 1982).

B. El Pan bendito de la Amistad: Iglesias ortodoxas

32. La participación de los no- ortodoxos en la Eucaristía, en principio, no está permitido en la tradición Ortodoxa, porque la Eucaristía, normalmente, implica la completa comunión. Sin embargo, se invita a todos a participar en la Liturgia Divina, y a recibir, al final de la celebración, el Pan bendito de la amistad (antidoron).

C. La comunicación en las funciones sagradas: La Iglesia católica romana

33. La Iglesia católica romana comparte con otras Iglesias la idea básica de que la comunión eucarística requiere la comunión eclasiástica total. Durante el Concilio Vaticano II la Iglesia católico romana se abrió, como no lo había hecho nunca anteriormente, a la comunión con los cristianos de otras Iglesias. En el Decreto de Ecumenismo (Unitatis redintegratio 1994) se despertó el deseo, la esperanza y la perspectiva de la comunión eucarística. Los argumentos del documento son los siguientes:

34. Las personas “que creen en Cristo y recibieron debidamente el bautismo, están en una cierta comunión con la Iglesia católica, aunque no perfecta” (UR 3.)

35. El bautismo, por tanto, constituye un vínculo sacramental de unidad, vigente entre todos los que por él se ha regenerado. Sin embargo, el bautismo por sí mismo es sólo un principio y un comienzo, porque todo él, tiende a conseguir la plenitud de la vida en Cristo. Así, pues, el bautismo se ordena a la profesión íntegra de la fe, a la plena incorporación a la economía de la salvación, tal como Cristo en persona la estableció, y, finalmente, a la íntegra incorporación en la comunión eucarística. (UR 22.)

36. Los principios de UR se han ampliado en el Directorio Ecuménico (1993): “Así pues, el compartir las actividades y recursos espirituales debe reflejar este doble hecho: la comunión real en la vida del Espíritu, ya que existe entre los cristianos y que se expresa en su oración y en el culto litúrgico; el carácter incompleto de esta comunión, por razón de las diferencias de fe y de modos de pensar que son incompatibles con el compartir sin restricción los dones espirituales. La fidelidad a esta realidad compleja hace necesario establecer normas sobre el compartir espiritual, teniendo en cuenta la diversidad de situación eclesial existente entre las Iglesias y Comunidades eclesiales implicadas en ello, de modo que los cristianos aprecien sus riquezas espirituales comunes y se gocen de ellas, pero también se llame su atención sobre la necesidad de superar las separaciones que aún existen. (ED 104.)